Carl Hempel en sus estudios sobre la lógica de la confirmación se ocupó de analizar el problema de las paradojas de la confirmación, sobre las que concluyó que sólo tenían un carácter aparente, como veremos en un próximo posteo. El interés de Hempel tiene origen en la influencia que recibió de las posturas inductivistas del empirismo lógico y del propio Carnap, y en las enormes dificultades y críticas que afrontaron en la historia de la filosofía de la ciencia las nociones de inducción y de confirmación, varias de ellas provenientes de la fuerte pluma de Karl Popper.
La noción de confirmación es un concepto epistemológico, lo que no debe perderse de vista nunca. Se refiere, en principio, al apoyo que la evidencia, o los datos, o las observaciones le otorgan a una hipótesis. Sin embargo, para Hempel, la confirmación no es un concepto semántico referido a una relación entre objetos o entidades y oraciones, sino que es una relación entre enunciados, conforme con la visión clásica.
Hempel menciona que dada la ley empírica
(1) Todos los cuervos son negros
existen las siguientes proposiciones lógicamente equivalentes a ella:
(2) Ningún cuervo es no negro
(3) Todo no cuervo es no negro
El criterio de confirmación de Nicod y las críticas de Hempel
Hempel argumenta cuestionando lo que se conoce como el criterio de confirmación de Nicod. Jean Nicod propuso que si un "hecho consiste en la presencia de B en un caso de A, es favorable a la ley 'A implica B' (ser cuervo implica ser negro, en el ejemplo); por el contrario, si consiste en la ausencia de B en un caso de A, es desfavorable a ella". Este criterio se aplica a las hipótesis que se pueden formular con un condicional universal y se basa en las nociones elementales de confirmación y desconfirmación. Lo que ocurre, según hace notar Hempel, es que el criterio no ofrece ninguna regla para la confirmación de hipótesis existenciales ("existe vida orgánica en otras estrellas") ni para aquellas cuya formulación lógica requiere emplear cuantificadores universales y existenciales ("todo humano muere al cabo de un número finito de años después de su nacimiento").
Por otra parte, las afimaciones (1) y (3) son lógicamente equivalentes, poseen el mismo contenido pues son formulaciones diferentes de la misma hipótesis. Ocurre que dado un objeto (a) que es un cuervo negro y otro (b) que no es un cuervo y no es negro, estos confirmarían una hipótesis pero serían neutrales respecto de otra.
Ante esta situación, Carl Hempel propone un requisito al que denomina Condición de Equivalencia: "todo lo que confirme o desconfirme a una de dos oraciones equivalentes también confirma o desconfirma a la otra". Este requisito tiene el propósito de que el criterio de confirmación sea independiente de la manera como se formula la hipótesis.
Las paradojas de la confirmación
Hempel señala que en las hipótesis condicionales universales de una sola variable, como en el ejemplo "Todos los cuervos son negros" es razonable adoptar una estipulación, presente en el criterio de Nicod, y a la cual considera condición suficiente de la confirmación, según la cual "es perfectamente razonable calificar un objeto como confirmatorio de una hipótesis si satisface su antecedente y su consecuente".
Cuando se considera esta estipulación junto con la condición de equivalencia ocurre que (a) confirma (1), y (b) confirma (2). Pero como (1) y (3) son equivalentes, (b) también confirma (1). Así que hay que admitir que todo objeto que no sea negro ni sea cuervo confirma "todos los cuervos son negros". Luego, señala Hempel, toda hoja verde, toda vaca amarilla, etc. se convierte en un elemento de juicio confirmatorio de dicha hipótesis.
Pero esto no es todo, estas dos oraciones, (1) y (3) son también equivalentes a una cuarta:
(4) Todo objeto que es o no es un cuervo, o no es un cuervo o es negro
Esta formulación, por tener un primer componente de carácter analítico ("un objeto x es o no es un cuervo") resulta confirmada por cualquier objeto que satisfaga el consecuente: "un objeto x o no es un cuervo o es negro", manteniendo la estipulación antes mencionada. Por tanto, habrá que admitir que cualquier objeto que no es cuervo confirma que todos los cuervos son negros, (1), puesto que confirma su equivalente (4). Del mismo modo, cualquier objeto negro habrá de confirmar (1) en virtud de la condición de equivalencia.
Estas son las famosas paradojas de la confirmación estudiadas por Hempel. Oportunamente analizaremos la manera como las abordó el propio autor y algunos otros aspectos relacionados con las mismas.
Albert Einstein, filósofo y científico: "qué es pensar".
Cada tanto puede no venir mal pensar lo que significa pensar, sobre todo si ello constituye un valor para nosotros. Como es sabido, el gran Albert Einstein, además de pacifista de sólidas convicciones y científico excelente, fue un filósofo de la ciencia con ideas firmes, habiéndose preocupado en diversas etapas de su desarrollo intelectual por diversas cuestiones epistemológicas. Aquí mostramos una reflexión, tomada del tomo dedicado a Einstein de la muy buena colección The Library of Living Philosophers editada por Arthur Schilpp (citada al final del texto) denominada Albert Einstein: filósofo científico, en la que Einstein se plantea qué es pensar.
"¿Qué es, en realidad 'pensar'? Cuando, como consecuencia de la recepción de impresiones sensoriales, surgen imagenes en la memoria, esto aún no es 'pensar'. Cuando tales imagenes forman series, cada uno de cuyos miembros provoca la aparición de otro, tampoco esto es 'pensar'. Mas cuando alguna de aquellas imagenes se repite una y otra vez en muchas de esas series, entonces dicha imagen se convierte, en virtud de su recurrencia, en un elemento ordenador al conectar entre sí series que por sí mismas no guardan relación alguna. Un elemento tal se convierte en herramienta, en concepto. Pienso que la transición de la libre asociación o 'soñar' al 'pensar' está caracterizada por el papel más o menos dominante que en ello desempeñe el 'concepto'. En realidad no es necesario que un concepto vaya ligado a un signo sensorialmente perceptible y reproducible (palabra), pero si de hecho lo está, entonces el pensamiento se torna comunicable.
¿Con qué derecho -preguntará el lector- opera este hombre tan despreocupada y primitivamente con ideas pertenecientes a una esfera tan problemática, sin hacer el más mínimo esfuerzo por demostrar nada? He aquí mi defensa: todo nuestro pensar es de este tipo, un juego libre con conceptos; la justificación de este juego radica en que, con ayuda de aquél, somos capaces de abarcar la experiencia de los sentidos. El concepto de 'verdad' no se puede aplicar aún a una estructura tal; a mi modo de ver, este concepto no puede entrar en consideración hasta tanto no se tenga a mano previamente un profundo acuerdo (convención) relativo a los elementos y reglas del juego.
Para mí no hay duda alguna de que el pensar se desarrolla en su mayor parte sin el uso de los signos (palabras), y por encima de ello y en un grado considerable, de un modo inconsciente. ¿Pues cómo puede ocurrir, si no, que a veces 'nos extrañemos' espontáneamente ante un suceso determinado? Este 'extrañarse' parece surgir allí donde un determinado suceso entra en conflicto con un mundo conceptual suficientemente fijado en nosotros. Cuando este conflicto es vivido dura e intensivamente repercute de un modo decisivo sobre nuestro mundo de pensamientos. El desarrollo de este mundo de pensamientos es en cierto modo una huida de ese 'extrañarse'."
Einstein, Albert, "Autobiographical notes" en Albert Einstein: Philosopher-Scientist, P.A. Schilpp ed. The Library of Living Philosophers, Open Court Publishing Company, La Salle, Illinois, 1970.
"¿Qué es, en realidad 'pensar'? Cuando, como consecuencia de la recepción de impresiones sensoriales, surgen imagenes en la memoria, esto aún no es 'pensar'. Cuando tales imagenes forman series, cada uno de cuyos miembros provoca la aparición de otro, tampoco esto es 'pensar'. Mas cuando alguna de aquellas imagenes se repite una y otra vez en muchas de esas series, entonces dicha imagen se convierte, en virtud de su recurrencia, en un elemento ordenador al conectar entre sí series que por sí mismas no guardan relación alguna. Un elemento tal se convierte en herramienta, en concepto. Pienso que la transición de la libre asociación o 'soñar' al 'pensar' está caracterizada por el papel más o menos dominante que en ello desempeñe el 'concepto'. En realidad no es necesario que un concepto vaya ligado a un signo sensorialmente perceptible y reproducible (palabra), pero si de hecho lo está, entonces el pensamiento se torna comunicable.
¿Con qué derecho -preguntará el lector- opera este hombre tan despreocupada y primitivamente con ideas pertenecientes a una esfera tan problemática, sin hacer el más mínimo esfuerzo por demostrar nada? He aquí mi defensa: todo nuestro pensar es de este tipo, un juego libre con conceptos; la justificación de este juego radica en que, con ayuda de aquél, somos capaces de abarcar la experiencia de los sentidos. El concepto de 'verdad' no se puede aplicar aún a una estructura tal; a mi modo de ver, este concepto no puede entrar en consideración hasta tanto no se tenga a mano previamente un profundo acuerdo (convención) relativo a los elementos y reglas del juego.
Para mí no hay duda alguna de que el pensar se desarrolla en su mayor parte sin el uso de los signos (palabras), y por encima de ello y en un grado considerable, de un modo inconsciente. ¿Pues cómo puede ocurrir, si no, que a veces 'nos extrañemos' espontáneamente ante un suceso determinado? Este 'extrañarse' parece surgir allí donde un determinado suceso entra en conflicto con un mundo conceptual suficientemente fijado en nosotros. Cuando este conflicto es vivido dura e intensivamente repercute de un modo decisivo sobre nuestro mundo de pensamientos. El desarrollo de este mundo de pensamientos es en cierto modo una huida de ese 'extrañarse'."
Einstein, Albert, "Autobiographical notes" en Albert Einstein: Philosopher-Scientist, P.A. Schilpp ed. The Library of Living Philosophers, Open Court Publishing Company, La Salle, Illinois, 1970.
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Sobre la noción de corroboración en la metodología de Lakatos y en la epistemología de Popper
En la filosofía de la ciencia de Imre Lakatos, la noción de corroboración es diferente de la formulada por la concepción epistemológica o filosófica de la ciencia de Karl Popper. Como es sabido, al rechazar todo papel de la inducción en el desarrollo del conocimiento científico, Popper se niega a aceptar también la idea de confirmación de una hipótesis o teoría. Carnap y los empiristas lógicos o positivistas lógicos del Círculo de Viena habían realizado grandes esfuerzos -principalmente Carnap, aunque también Hans Reichenbach, que no pertenecía al círculo pero era parte del programa empirista lógico- por desarrollar una lógica inductiva de carácter epistemológico, o sea, que pudiera dar cuenta del grado de apoyo que la evidencia empírica le otorgaba a una teoría, expresado en términos cuantitativos definidos. Con el rechazo de la noción de inducción y del principio de inducción, Popper rechaza también la idea de confirmación proponiendo que ninguna teoría perteneciente a las ciencias fácticas debe someterse a prueba a partir de lo que se deduce de ella, de sus predicciones, de su contenido lógico, o sea a partir de lo que afirma, sino a partir de lo que prohibe, o sea a partir de lo que afirma que no puede ocurrir. Popper entiende que el contenido empírico, el contenido descriptivo de aspectos del mundo, de una teoría no es su contenido lógico sino aquello que niega, el conjunto de sus falsadores potenciales. La corroboración, en la epistemología de Popper, es el estado de una teoría luego de que se la ha sometido a prueba y no se ha logrado falsarla. Para él, un auténtico test o sometimiento a prueba de una hipótesis o de una teoría es aquel que consiste en un intento de refutación o falsación de la misma. O sea en un intento por establecer o aceptar alguno de sus falsadores potenciales.
En su libro La lógica de la investigación científica Popper admite que existen grados de corroboración de una hipótesis, pero sostiene con firmeza que ellos no expresan nada parecido a la probabilidad de una cierta hipótesis o teoría, sino que dependen de la rigurosidad de las contrastaciones a que fue sometida, del grado de precisión de los experimentos, etc.
Lakatos se proclama "falsacionista", una especie de heredero intelectual de Popper, de quien dice haber tomado muchas de las ideas que propone en su teoría epistemológica. Adoptando como unidad de análisis diacrónica el Programa de Investigación Científica (PIC) en una determinada disciplina científica, sostiene que bajo ciertas circunstancias, que dependen de decisiones metodológicas orientadas por reglas, un programa de investigación queda refutado o falsado. Sin embargo, cuando señala las condiciones bajo las cuales el cambio científico es progresivo, señala, entre otras cosas que para que ello ocurra la nueva teoría debe tener parte de su contenido predictivo novedoso (ausente en la anterior) corroborado. Con esto Lakatos quiere decir contenido predictivo confirmado, pero se niega a usar esta palabra en virtud de su rechazo de la inducción, de inspiración popperiana. Nótese que para Popper el contenido empírico es diferente del lógico. El contenido lógico, de acuerdo con su metodología, no afirma nada, por lo que no existe la noción de contenido empírico predictivo dentro de su concepción filosófica de la ciencia, pues aún cuando ciertas predicciones de una teoría sean contenido empírico de otras, nunca en la filosofía de la ciencia natural de Popper el contenido empírico puede ser predictivo, o sea deducido de la teoría.
En su libro La lógica de la investigación científica Popper admite que existen grados de corroboración de una hipótesis, pero sostiene con firmeza que ellos no expresan nada parecido a la probabilidad de una cierta hipótesis o teoría, sino que dependen de la rigurosidad de las contrastaciones a que fue sometida, del grado de precisión de los experimentos, etc.
Lakatos se proclama "falsacionista", una especie de heredero intelectual de Popper, de quien dice haber tomado muchas de las ideas que propone en su teoría epistemológica. Adoptando como unidad de análisis diacrónica el Programa de Investigación Científica (PIC) en una determinada disciplina científica, sostiene que bajo ciertas circunstancias, que dependen de decisiones metodológicas orientadas por reglas, un programa de investigación queda refutado o falsado. Sin embargo, cuando señala las condiciones bajo las cuales el cambio científico es progresivo, señala, entre otras cosas que para que ello ocurra la nueva teoría debe tener parte de su contenido predictivo novedoso (ausente en la anterior) corroborado. Con esto Lakatos quiere decir contenido predictivo confirmado, pero se niega a usar esta palabra en virtud de su rechazo de la inducción, de inspiración popperiana. Nótese que para Popper el contenido empírico es diferente del lógico. El contenido lógico, de acuerdo con su metodología, no afirma nada, por lo que no existe la noción de contenido empírico predictivo dentro de su concepción filosófica de la ciencia, pues aún cuando ciertas predicciones de una teoría sean contenido empírico de otras, nunca en la filosofía de la ciencia natural de Popper el contenido empírico puede ser predictivo, o sea deducido de la teoría.
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El criterio de demarcación de Popper: la falsabilidad de las teorías
El criterio de demarcación de Karl Popper, la falsabilidad de las teorías, debe diferenciarse claramente del criterio de demaración del empirismo lógico, también llamado positivismo lógico, que es el criterio verificacionista del significado. Popper propone un criterio de demarcación que no es un criterio de significado, como sí lo era el de los empiristas, y que en principio no se aplica a todo enunciado científico sino sólo a las teorías. Es cierto que para Popper, en cierto sentido, cualquier enunciado científico es una teoría, es teórico en un sentido importante, pero la distinción vale pues su criterio busca delimitar el ámbito de las teorías de las ciencias empíricas de manera categórica, diferenciándolas de otro tipo de teorías. Si bien el criterio de demarcación de Popper estaba motivado por su propósito de separar las teorías científicas de las que sólo eran pseudocientíficas, como ha sido señalado en un post anterior, entre las que consideraba el psicoanálisis, la psicología del individuo de Adler y el marxismo vulgar, lo que realmente demarca el criterio de falsabilidad de las teorías es el el ámbito de las teorías empíricas, podría decirse que separa entre ciencia empírica y lo que no lo es. Pues Popper se niega a identificar, como los miembros del Círculo de Viena, enunciado científico con enunciado cognitivo, admitiendo la legitimidad del conocimiento filosófico. Más aún, Popper admite que las teorías metafísicas han sido y son muy importantes para la ciencia, en tanto han motivado problemas e investigaciones que han dado lugar a teorías científicas, o sea como parte de un programa de investigación que resulta en conocimiento científico. Naturalmente hay otro tipo de teorías científicas que quedan fuera de lo que delimita el criterio, como las teorías de las ciencias formales.
Popper identifica la falsabilidad o refutabilidad con la contrastabilidad de una teoría. Contrastable significa testeable, pasible de ser sometida a prueba. De modo no técnico, una teoría es falsable si está formulada de modo tal que pueda existir algún evento del mundo que, si tiene lugar, permitirá demostrar que la teoría es falsa. Esto se contrapone de modo contundente a lo que ocurre con las teorías pseudocientíficas que, como el psicoanálisis, permiten explicar cualquier hecho dentro de su dominio de aplicación y, por tanto, no pueden ser refutadas jamás. Estrictamente hablando, lo que puede refutar la teoría no es el hecho sino el enunciado que la describe, por medio del modus tollens de la lógica deductiva. Popper define que una teoría es científica, o sea falsable si está en una relación lógica de incompatibilidad con al menos uno de los enunciados que describen eventos o hechos observables, a los que denomina enunciados básicos. Dicho de otra manera, si la clase de sus falsadores potenciales, que son aquellos enunciados básicos que están en la mencionada relación con ella, no es vacía.
La falsabilidad es un criterio epistemológico que se basa en una relación lógica, se refiere a que las teorías de las ciencias empíricas, según la propuesta del filósofo vienés, deben estar construidas satisfaciendo tal relación de incompatibilidad con al menos un falsador potencial. Falsable quiere decir refutable, o sea que la teoría es una estructura de enunciados de la que puede, en algún momento futuro, demostrarse que es falsa, pero al mismo tiempo tiene la señalada dimensión actual en la relación lógica de incompatibilidad. Es importante, fundamental para comprender la filosofía de la ciencia de Popper, no confundir la falsabilidad con la falsación. La falsación es una situación de hecho, que tiene lugar cuando se ha aceptado un enunciado básico falsador potencial y, por modus tollens, se ha demostrado que la teoría es falsa. En consecuencia, para Popper una teoría refutada y desechada unánimemente por la comunidad científica no por ello deja de ser científica.
Existen entonces al menos dos sentidos de falsabilidad, uno que se refiere a la relación lógica, presente o no, y otro que se refiere a la posibilidad de refutación práctica. En Realismo y el objetivo de la ciencia, el poscript a La lógica de la investigación científica, Popper señala que el problema de la falsabilidad como criterio de demarcación nada tiene que ver con la falsabilidad en el sentido de si es posible refutar de modo concluyente una teoría. La posibilidad de que, de hecho, una refutación pueda ser definitiva y concluyente, situación que Popper niega que pueda tener lugar, se refiere a una evaluación de los resultados de tests, pruebas y observaciones que puedan llevarse a cabo para contrastar las teorías, lo que es distinto de la falsabilidad como relación lógica.
Popper identifica la falsabilidad o refutabilidad con la contrastabilidad de una teoría. Contrastable significa testeable, pasible de ser sometida a prueba. De modo no técnico, una teoría es falsable si está formulada de modo tal que pueda existir algún evento del mundo que, si tiene lugar, permitirá demostrar que la teoría es falsa. Esto se contrapone de modo contundente a lo que ocurre con las teorías pseudocientíficas que, como el psicoanálisis, permiten explicar cualquier hecho dentro de su dominio de aplicación y, por tanto, no pueden ser refutadas jamás. Estrictamente hablando, lo que puede refutar la teoría no es el hecho sino el enunciado que la describe, por medio del modus tollens de la lógica deductiva. Popper define que una teoría es científica, o sea falsable si está en una relación lógica de incompatibilidad con al menos uno de los enunciados que describen eventos o hechos observables, a los que denomina enunciados básicos. Dicho de otra manera, si la clase de sus falsadores potenciales, que son aquellos enunciados básicos que están en la mencionada relación con ella, no es vacía.
La falsabilidad es un criterio epistemológico que se basa en una relación lógica, se refiere a que las teorías de las ciencias empíricas, según la propuesta del filósofo vienés, deben estar construidas satisfaciendo tal relación de incompatibilidad con al menos un falsador potencial. Falsable quiere decir refutable, o sea que la teoría es una estructura de enunciados de la que puede, en algún momento futuro, demostrarse que es falsa, pero al mismo tiempo tiene la señalada dimensión actual en la relación lógica de incompatibilidad. Es importante, fundamental para comprender la filosofía de la ciencia de Popper, no confundir la falsabilidad con la falsación. La falsación es una situación de hecho, que tiene lugar cuando se ha aceptado un enunciado básico falsador potencial y, por modus tollens, se ha demostrado que la teoría es falsa. En consecuencia, para Popper una teoría refutada y desechada unánimemente por la comunidad científica no por ello deja de ser científica.
Existen entonces al menos dos sentidos de falsabilidad, uno que se refiere a la relación lógica, presente o no, y otro que se refiere a la posibilidad de refutación práctica. En Realismo y el objetivo de la ciencia, el poscript a La lógica de la investigación científica, Popper señala que el problema de la falsabilidad como criterio de demarcación nada tiene que ver con la falsabilidad en el sentido de si es posible refutar de modo concluyente una teoría. La posibilidad de que, de hecho, una refutación pueda ser definitiva y concluyente, situación que Popper niega que pueda tener lugar, se refiere a una evaluación de los resultados de tests, pruebas y observaciones que puedan llevarse a cabo para contrastar las teorías, lo que es distinto de la falsabilidad como relación lógica.
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El origen y el propósito del crtierio de demarcación de Popper
El criterio de demarcación de Popper, la falsabilidad de las teorías, debe ser diferenciado completamente del criterio de demarcación del empirismo lógico, entre otras cosas porque éste es un criterio de significado, y el propuesto por Popper no lo es. Hoy no nos ocuparemos de la caracterización del criterio demarcatorio popperiano sino sólo de señalar algunas de las razones intelectuales que, según cuenta el propio Popper, lo llevaron a formularlo.
Karl Popper fue influido de manera positiva y muy muy marcada por el impacto que tuvo sobre toda la comunidad científica y filosófica el éxito de ciertas predicciones de la teoría de la relatividad. Lo interesante de ello, según se encarga de destacar el propio Popper, es que el mismo Alberte Einstein había afirmado con toda claridad, luego de formular la teoría general de la relatividad, que si alguna de sus predicciones fallaba, ello sería suficiente para demostrar que su teoría era falsa. Como es sabido, para testear algunas de las predicciones de la teoría de la relatividad, como la deflexión de los rayos de luz en cercanías del sol (producida por la cercanía de los mismos respecto un cuerpo de gran masa, en virtud de su fuerte campo gravitatorio), según la cual la luz proveniente de ciertas estrellas era desviada ligeramente en su trayectoria durante el día al pasar cerca del sol, lo que no ocurre en la noche, Einstein tuvo que esperar algunos años, hasta que Arthur Stanley Eddington, en un episodio conocido como la "expedición de Eddington" pudo realizar el testeo pertinente de las predicciones mediante una serie de fotografías tomadas en Isla Príncipe, en la costa occidental de Africa durante el eclipse de sol de 1919, que fueron contrastadas con fotografías nocturnas que permitieron constatar un desplazamiento en la posición aparente de las estrellas. Popper entiende este tipo de prueba como un experimento crucial (aunque en relidad puede discutirse mucho que lo sea) en el cual si se cumplía la predicción de la teoría general de la relatividad ésta se corroboraba y se refutaba la física newtoniana, y si fallaba, la teoría de Einstein hubiese quedado refutada con esa sola prueba, quedando corroborada la teoría de Newton.
Pero por otra parte, ciertas experiencias juveniles de Popper, en las cuales había podido apreciar cómo el dogmatismo político e ideológico de ciertas doctrinas marxistas y socialistas había llevado a la muerte a algunos jóvenes cercanos a él, junto con su aguda observación de que ciertas teorías populares o con cierto prestigio social como el psicoanálisis de Freud (en Argentina el psicoanálisis es popular) o la psicología del individuo de Adler eran teorías que presentaban una curiosa particularidad. Estaban construidas de manera que cualquier hecho que ocurriese dentro de su ámbito de aplicación siempre sería favorable a la teoría, dicho de otra manera explicaban cualquier cosa que ocurriese, por lo que eran irrefutables. No podía pasar nada en el mundo que demostrase que la teoría estaba equivocada porque, en virtud de su oscura estructura de hipótesis y mecanismos explicativos, estas teorías siempre tenían bajo la manga una manera de explicar cualquier cosa que pasara en su dominio. Otro de los filósofos de la ciencia que, dicho sea de paso, considera el psicoanálisis como una pseudociencia es Mario Bunge, quien destaca que carece de hipótesis claras que den lugar a consecuencias observacionale o predicciones definidas que pudieran servir para someter a prueba la teoría. Con estas dos influencias presentes, Popper buscó un criterio de demarcación que permitiese separar claramente las teorías que constituyen auténticamente conocimiento de las ciencias empíricas de las que no lo son, ya sea por constituir pseudociencia o por ser otro tipo de conocimiento. Ese es, en rasgos generales, el origen o la motivación que lo llevaron al filósofo vienés a proponer un criterio de demarcación denominado falsabilidad de las teorías, según el cual, dicho de manera no técnica, para ser científica, una teoría tiene que estar construida de modo tal que quede claro qué suceso, qué hecho del mundo, en caso de ocurrir, demostrará que la teoría es falsa. Popper mantendrá esta postura sobre qué consituye una teoría empírica y qué no durante toda su extensa vida intelectual.
Karl Popper fue influido de manera positiva y muy muy marcada por el impacto que tuvo sobre toda la comunidad científica y filosófica el éxito de ciertas predicciones de la teoría de la relatividad. Lo interesante de ello, según se encarga de destacar el propio Popper, es que el mismo Alberte Einstein había afirmado con toda claridad, luego de formular la teoría general de la relatividad, que si alguna de sus predicciones fallaba, ello sería suficiente para demostrar que su teoría era falsa. Como es sabido, para testear algunas de las predicciones de la teoría de la relatividad, como la deflexión de los rayos de luz en cercanías del sol (producida por la cercanía de los mismos respecto un cuerpo de gran masa, en virtud de su fuerte campo gravitatorio), según la cual la luz proveniente de ciertas estrellas era desviada ligeramente en su trayectoria durante el día al pasar cerca del sol, lo que no ocurre en la noche, Einstein tuvo que esperar algunos años, hasta que Arthur Stanley Eddington, en un episodio conocido como la "expedición de Eddington" pudo realizar el testeo pertinente de las predicciones mediante una serie de fotografías tomadas en Isla Príncipe, en la costa occidental de Africa durante el eclipse de sol de 1919, que fueron contrastadas con fotografías nocturnas que permitieron constatar un desplazamiento en la posición aparente de las estrellas. Popper entiende este tipo de prueba como un experimento crucial (aunque en relidad puede discutirse mucho que lo sea) en el cual si se cumplía la predicción de la teoría general de la relatividad ésta se corroboraba y se refutaba la física newtoniana, y si fallaba, la teoría de Einstein hubiese quedado refutada con esa sola prueba, quedando corroborada la teoría de Newton.
Pero por otra parte, ciertas experiencias juveniles de Popper, en las cuales había podido apreciar cómo el dogmatismo político e ideológico de ciertas doctrinas marxistas y socialistas había llevado a la muerte a algunos jóvenes cercanos a él, junto con su aguda observación de que ciertas teorías populares o con cierto prestigio social como el psicoanálisis de Freud (en Argentina el psicoanálisis es popular) o la psicología del individuo de Adler eran teorías que presentaban una curiosa particularidad. Estaban construidas de manera que cualquier hecho que ocurriese dentro de su ámbito de aplicación siempre sería favorable a la teoría, dicho de otra manera explicaban cualquier cosa que ocurriese, por lo que eran irrefutables. No podía pasar nada en el mundo que demostrase que la teoría estaba equivocada porque, en virtud de su oscura estructura de hipótesis y mecanismos explicativos, estas teorías siempre tenían bajo la manga una manera de explicar cualquier cosa que pasara en su dominio. Otro de los filósofos de la ciencia que, dicho sea de paso, considera el psicoanálisis como una pseudociencia es Mario Bunge, quien destaca que carece de hipótesis claras que den lugar a consecuencias observacionale o predicciones definidas que pudieran servir para someter a prueba la teoría. Con estas dos influencias presentes, Popper buscó un criterio de demarcación que permitiese separar claramente las teorías que constituyen auténticamente conocimiento de las ciencias empíricas de las que no lo son, ya sea por constituir pseudociencia o por ser otro tipo de conocimiento. Ese es, en rasgos generales, el origen o la motivación que lo llevaron al filósofo vienés a proponer un criterio de demarcación denominado falsabilidad de las teorías, según el cual, dicho de manera no técnica, para ser científica, una teoría tiene que estar construida de modo tal que quede claro qué suceso, qué hecho del mundo, en caso de ocurrir, demostrará que la teoría es falsa. Popper mantendrá esta postura sobre qué consituye una teoría empírica y qué no durante toda su extensa vida intelectual.
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Los valores epistémicos y el cambio científico
Los valores epistémicos, en filosofía de la ciencia y epistemología, son aquellos que intervienen en los procesos de decisión relativos a la evaluación de conocimiento. Típicamente, son los que motivan las decisiones relativas a la aceptación o el rechazo de teorías, o sea, a los procesos históricos de cambio teórico. Carl Hempel, en un artículo denominado "La ciencia y los valores humanos" realiza un profundo y rico análisis de los valores epistémicos, señalando que no sólo están presentes como guía en la aceptación o el rechazo de teorías de las ciencias empíricas, sino también en la aceptación de algo como evidencia confirmatoria, indiferente o desconfirmatoria respecto de una hipótesis dada. Pero además Hempel señala que hasta tal punto están involucrados estos valores cognitivos en la actividad científica (entendida en su aspecto racional) que existe aún un acuerdo más de base, compartido por la comunidad científica, según el cual la ciencia aspira a una correspondencia o a un acuerdo entre, por ejemplo, lo que una teoría dice y como es el mundo. Esta cuestión no es trivial, pues si nuestro propósito no fuese cognitivo y sí, por ejemplo, estético o tranquilizador, no habría necesidad de aspirar a tal acuerdo. Otros autores que han analizado el tema de los valores en el cambio científico son Larry Laudan y Thomas Kuhn. Este último, en un artículo publicado en su libro La tensión esencial denominado "Objetividad, valores epistémicos y elección de teoría" señala, entre otras cosas, y contra lo que parecen aseverar otras de sus afirmaciones, que la objetividad del cambio científico, si bien dependiente de decisiones de científicos individuales y cambiante históricamente, está salvaguardada en virtud del carácter universalmente compartido de estos valores que actúan sobre las decisiones individuales como guías no algorítmicas ya que son algo vagos y se superponen unos con otros. El estudio de los valores epistémicos no debe ser confundido con el estudio de los valores a secas en relación con la ciencia, pues aquellos se refieren, como se ha dicho, a los procesos que intervienen en la evaluación del conocimiento, o sea en los procesos o episodios en virtud de los cuales se puede saber que algo constituye conocimiento y no otra cosa.
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