El criterio de demarcación de Popper, la falsabilidad de las teorías, debe ser diferenciado completamente del criterio de demarcación del empirismo lógico, entre otras cosas porque éste es un criterio de significado, y el propuesto por Popper no lo es. Hoy no nos ocuparemos de la caracterización del criterio demarcatorio popperiano sino sólo de señalar algunas de las razones intelectuales que, según cuenta el propio Popper, lo llevaron a formularlo.
Karl Popper fue influido de manera positiva y muy muy marcada por el impacto que tuvo sobre toda la comunidad científica y filosófica el éxito de ciertas predicciones de la teoría de la relatividad. Lo interesante de ello, según se encarga de destacar el propio Popper, es que el mismo Alberte Einstein había afirmado con toda claridad, luego de formular la teoría general de la relatividad, que si alguna de sus predicciones fallaba, ello sería suficiente para demostrar que su teoría era falsa. Como es sabido, para testear algunas de las predicciones de la teoría de la relatividad, como la deflexión de los rayos de luz en cercanías del sol (producida por la cercanía de los mismos respecto un cuerpo de gran masa, en virtud de su fuerte campo gravitatorio), según la cual la luz proveniente de ciertas estrellas era desviada ligeramente en su trayectoria durante el día al pasar cerca del sol, lo que no ocurre en la noche, Einstein tuvo que esperar algunos años, hasta que Arthur Stanley Eddington, en un episodio conocido como la "expedición de Eddington" pudo realizar el testeo pertinente de las predicciones mediante una serie de fotografías tomadas en Isla Príncipe, en la costa occidental de Africa durante el eclipse de sol de 1919, que fueron contrastadas con fotografías nocturnas que permitieron constatar un desplazamiento en la posición aparente de las estrellas. Popper entiende este tipo de prueba como un experimento crucial (aunque en relidad puede discutirse mucho que lo sea) en el cual si se cumplía la predicción de la teoría general de la relatividad ésta se corroboraba y se refutaba la física newtoniana, y si fallaba, la teoría de Einstein hubiese quedado refutada con esa sola prueba, quedando corroborada la teoría de Newton.
Pero por otra parte, ciertas experiencias juveniles de Popper, en las cuales había podido apreciar cómo el dogmatismo político e ideológico de ciertas doctrinas marxistas y socialistas había llevado a la muerte a algunos jóvenes cercanos a él, junto con su aguda observación de que ciertas teorías populares o con cierto prestigio social como el psicoanálisis de Freud (en Argentina el psicoanálisis es popular) o la psicología del individuo de Adler eran teorías que presentaban una curiosa particularidad. Estaban construidas de manera que cualquier hecho que ocurriese dentro de su ámbito de aplicación siempre sería favorable a la teoría, dicho de otra manera explicaban cualquier cosa que ocurriese, por lo que eran irrefutables. No podía pasar nada en el mundo que demostrase que la teoría estaba equivocada porque, en virtud de su oscura estructura de hipótesis y mecanismos explicativos, estas teorías siempre tenían bajo la manga una manera de explicar cualquier cosa que pasara en su dominio. Otro de los filósofos de la ciencia que, dicho sea de paso, considera el psicoanálisis como una pseudociencia es Mario Bunge, quien destaca que carece de hipótesis claras que den lugar a consecuencias observacionale o predicciones definidas que pudieran servir para someter a prueba la teoría. Con estas dos influencias presentes, Popper buscó un criterio de demarcación que permitiese separar claramente las teorías que constituyen auténticamente conocimiento de las ciencias empíricas de las que no lo son, ya sea por constituir pseudociencia o por ser otro tipo de conocimiento. Ese es, en rasgos generales, el origen o la motivación que lo llevaron al filósofo vienés a proponer un criterio de demarcación denominado falsabilidad de las teorías, según el cual, dicho de manera no técnica, para ser científica, una teoría tiene que estar construida de modo tal que quede claro qué suceso, qué hecho del mundo, en caso de ocurrir, demostrará que la teoría es falsa. Popper mantendrá esta postura sobre qué consituye una teoría empírica y qué no durante toda su extensa vida intelectual.
